Oración

Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, uno y trino, nos presentamos ante ti, nosotros, los frailes Under Ten, que sólo desde hace algunos años hemos pronunciado nuestro sí definitivo a tu llamado. Con las palabras de nuestro hermano San Francisco, reconocemos que tu eres todo bien, sumo bien, total bien, que eres el solo bueno y queremos darte toda alabanza, toda gloria, toda gracia, todo honor, toda bendición y todos los bienes [10].

 

Entre estos bienes, reconocemos especialmente el don de tu Espíritu y de su santa operación[2], el don de los hermanos y la revelación de una vida según la forma del santo Evangelio[3], vivida en obediencia, sin nada propio y en castidad.

 

Son grandes dones a los que deseamos ser fieles con todo nuestro corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas, para hacer de toda nuestra vida una respuesta agradable y gozosa al Bien supremo que eres Tu.

 

Todavía hoy reconocemos el sacramento de tu presencia en los hermanos que encontramos, como Francisco, que te reconoció en el prójimo, desde el día de su encuentro con los leprosos y después todos los días de su vida.

 

Te pedimos que también nosotros sepamos reconocerte en el rostro del prójimo, y de saber convertirnos en hombres capaces de un diálogo abierto y sincero, suave y fuerte, pacífico y valiente, con los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

 

Danos a todos nosotros, que celebraremos en nuestros diferentes países del mundo nuestro Capítulo de las Esteras, una renovada efusión de tu Espíritu, para que podamos ser testigos de ese diálogo del cual fue promotor tu siervo y nuestro hermano Francisco; él pudo dialogar con el Papa, con el Sultán, con los pobres, con los ricos, con todos los fieles y con los Gobernantes de los pueblos.

 

Por favor, haznos capaces de dar testimonio de tu voz con palabras y obras y para que todos sepan que no hay un solo omnipotente excepto Tú[4], o Altísimo, que, en Trinidad perfecta y en simple Unidad, vives y reinas y eres glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de los siglos. Amén[5].

[1] Alabanzas que se han de decir a todas horas, oración final.
[2] Regla Bulada, 10, 8.
[3] Testamento, 14.
[4] Carta a toda la Orden, 9.
[5] Ibidem, 52.

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